martes, marzo 31, 2009

Mía V

Nada más salir de casa, le llamó. Temía que él la siguiera, pero tan pronto como cerró la puerta supo que se sentía tan seguro de sí mismo que no iba a hacerlo, así que esperó en el portal mientras Miguel la observaba desde la barra.
Asco. Sentía asco al recordar la última felación que le había regalado. Se juraba y perjuraba que esta vez no iba a volver.
Aún se le repetían las imágenes, a modo de fotograma, en la cabeza. Justo ese día en que creyó que Jaime iba a cambiar, cuando sorprendida, le pedía que se levantara del suelo y dejara de suplicar que volviera a su lado. Ahora no iba a creerse sus mentiras. No podía volver a caer en esa ruleta rusa a la que no quería jugar.
Era una cría cuando le conoció. Apenas 21 años. Desde entonces habían pasado 11 años.

Absorta en sus pensamientos, volvió a la realidad cuando Sergio aparco el coche en doble fila justo donde ella se encontraba. Sin perder un instante, subió al coche y éste la abrazó.
No sabría describir cómo se sentía justo en ese momento, mientras hundía la nariz en su solapa y se impregnaba de calidez, alivio y seguridad.
No se volvió a observar. Dos minutos más tarde, cuando el coche circulaba calle abajo, Silvia supo que su vida empezaba en ese instante, dejando el número 223 de la calle Valencia atrás.


Continuará...

jueves, enero 15, 2009

Mía IV

Caminaba por la calle sin rumbo fijo. Los dientes apretados y las manos enfundadas en los bolsillos. Podía notar como las uñas se le clavaban en las palmas de las manos.
- ¿Donde coño estas, puta?
Su murmullo casi imperceptible se perdía entre el ruido a hojarasca seca que pisaba sus pies y el sonido de los motores al pasar por su lado rugiendo.
Sacó el móvil de la chaqueta y marcó su número. La línea sonaba vacía al otro lado de la terminal. Esperó hasta que un pitido le anunciaba el final de la comunicación. Llamó, insistentemente, hasta que se dio por vencido cuando se le acabó la batería y las ganas. Se dejó arrastrar hasta su casa.
Al llegar, sacó de la desértica nevera una cerveza y se dejó caer sobre el sofá. Podía sentir como le hervía la sangre y le palpitaba el corazón en la sien. La simple idea de imaginarle con otro que no fuera él, despertaba su instinto más primitivo.
- Te mataré.


Continuará...

miércoles, diciembre 10, 2008

Mía III

El viento soplaba de un modo extraño y se subió la solapa de su vieja chaqueta de cuero. La oscuridad había ganado la batalla al día y las calles tenían un aire de lo más sombrío.
El bar estaba casi desierto, sólo un tipo en la barra que a duras penas se tendía en pie y una pareja en el rincón más alejado. Sonrió al ver como las manos del chico recorrían el cuerpo de su contrincante en esa pelea por determinar cuál de los dos rivales estaba más caliente.
- Miguel, ponme un bocadillo de jamón y una cerveza fría.
- Marchando.
Diez minutos más tarde mientras se encontraba degustando su cena, advirtió que Miguel, el camarero y dueño del bar, pretendía darle conversación. Le conocía desde hacía años, pero en ese momento tener que aguantar su verborrea le tocaba, soberanamente, los cojones.
- ¿Silvia sale de viaje? – Le espetó a bocajarro.
- ¿Qué?
- La he visto esta tarde salir con una maleta y subirse a un coche. Iba con ese tipo.
Se mordió la lengua por no preguntar a quién se refería, pero no le hizo falta…
- Le he visto alguna vez por aquí, cuando sube a verla. ¿Es amigo tuyo?
- Sí. Cóbrame.
Y se largó apurando el último trago de cerveza.


Continuará...

martes, octubre 21, 2008

Mía II

La conocía. Estaba seguro de ello. Tenía la certeza de que si cruzaba aquella puerta, tarde o temprano iba a volver. Juraría, incluso, que esa muchacha no sería capaz de separarse más de tres horas de él. Volvería con la cabeza gacha, el rímel corrido por las lágrimas y hambrienta, de comida y de él. La tumbaría sobre la cama, la abrazaría fingiendo consolación y la desnudaría para poder seguir disfrutando de su cuerpo. Sabía que sólo le tenía a él, que todas aquellas amenazas de irse con otro se perdían en la nada intentando buscar unos celos que no conseguía despertar.
Dejó que se marchara.
Escucho el portazo después de verla desaparecer y apagó lo que antes había sido un cigarrillo. Se terminó aquel líquido color sangre de un trago y se acomodó en el centro de la cama dispuesto a esperar mientras se echaba una cabezadita.
Se despertó dos horas más tarde cuando la estancia empezaba a sumirse en esa penumbra que sólo la proximidad de la noche permite crear; solo. Se encendió el último y único culpable de su vicio y se dirigió, aún desnudo, hacia la ventana. Desde su pequeño apartamento del Eixample podía ver como la gente parecía desesperada por llegar a casa después de una larga jornada laboral. El otoño había alcanzado su punto más álgido y el frío empezaba a dominar la ciudad.
Sus tripas le recordaron que tenía hambre. Decidió vestirse y bajar al bar a comer algún bocadillo que podía acompañar con una cerveza. Para cuando volviera a casa, ella estaría esperándole, sentada a oscuras, con la maleta juntos a sus pies.


Continuará...

domingo, septiembre 21, 2008

Mía

Le faltó decisión para decirle todo aquello que una vez sintió. Le faltó valor para mirarle a la cara y decirle que él, y sólo él, había sido el hombre más cobarde en la faz de la tierra. Le faltó eso y mucho más para confesar que no era capaz de verla con otro, que no soportaba imaginar otros labios recorrer su piel. No podía admitir que moría al saber que la había perdido porque aún creía que era suya. Se sentía desfallecer al imaginar que otro cuerpo la poseía como tantas veces la había poseído él. Y en definitiva, no podía permitir que nadie le substituyera.
Juan sólo tenía en mente la imagen que ella le había dejado al largarse aquella mañana por la puerta, después de escupirle a la cara lo mucho que le había despreciado.
Tendido sobre la cama, con el pene aún medio erecto, se tragaba aquél ‘te odio’ entre restos de un orgasmo y el sabor a un Malboro aún por consumir. La siguió con la mirada mientras preparaba aquella ridícula maleta y sonreía para sus adentros como sólo sabe hacer aquél que se cree vencedor. Sorbía con auténtica devoción aquella copa de vino que ella misma le había servido minutos antes y notaba como el ruido que producía el líquido al pasar de la copa a sus labios enervaba a esa chica que no tardaría en desaparecer.


Continuará...

lunes, junio 23, 2008

El extraño

Paula hacia días que observaba a aquel hombre tan inquietante, siempre sólo en aquel banco tan lúgubre, con algo que leer entre las manos. A veces, le sorprendía observando el edificio que se encontraba frente a él, con curiosidad, descuidando por un momento su lectura. Al mirar se ensimismaba, perdía por un momento la noción del tiempo pero enseguida volvía a su quehacer. Más tarde se daría cuenta que en una de las ventas a menudo aparecía una mujer, desnuda.
Aquel día decidió sentarse a su lado y notó como él, al instante, se incomodaba. Se enderezó sin levantar la vista del libro y empezó a mover la pierna de un modo curiosamente nervioso. A ella, aquella situación le pareció divertida y esbozo una mueca que pretendía ser una sonrisa, pues sabía que el hombre no estaba sumido en la lectura como pretendía hacerle creer. Sin querer sus ojos se dirigieron al prominente bulto que ocultaba la cremallera de su pantalón. Él, leyendo lo que le pareció una expresión burlesca en su cara y casi sin que Paula se diera cuenta, se levantó y, en un afán por salir corriendo dejó que el libro se perdiera sobre el asfalto. Ella lo recogió con ademán de advertirle su descuido, pero un grito murió en su garganta...
La portada del libro rezaba: Diario de Jack el Destripador.




P.D. Por peticiones. Gracias por seguir aquí.

lunes, enero 07, 2008

Depósito

Le habían buscado el trabajo, él sólo se limitó a aceptarlo sin rechistar, al fin y al cabo seguro que no encontraba nada mejor.
Creía que sería un sitio tranquilo, pero aquella mañana ese gordo que no dejaba de sudar se había propuesto joderle la existencia.

- Ei, tú... ¿Lo has probado con alguno de estos?
- Jodido necrófilo...
- ¿Qué dices chico? ¿Eres virgen? Jajaja
Aquí vas poder follar tanto como quieras. Tienes un montón para escoger. A veces, si tienes suerte, aún te los traen calientes, pero sólo si los familiares no los han sobado demasiado.
Es todo un lujo, muchacho. Mucho mejor que cualquier otro polvo que puedas echar por ahí. Cuando los bajan, antes de meterlos en la nevera, sólo tienes que bajarte los pantalones y tirártelas aquí mismo. Sólo son ventajas chico, porque no necesitas escuchar quejas de si te corres demasiado pronto o peticiones absurdas de cómo les tienes que follar; follas y se acabó. Almenos aquí no abren la boca y no te exigen cobrar al terminar.
El otro día trajeron a una chica jodidamente hermosa... con una tremenda cabellera rubia, incluso su coñito era rubio. Muerte natural ponía en su historial. Todavía soy capaz de empalmarme pensando en ella...

Cerró la puerta detrás de él dando un portazo que hizo temblar las paredes de la fría estancia...

- Ei chico ¿Dónde coño te crees que vas?

Se había estado debatiendo entre dar por culo a ese hijo de puta o largarse sin más.

Por suerte, a veces, gana el sentido común.

viernes, noviembre 23, 2007

Decisiones

Creía que podía gritarle a la luna, pero se equivocó. Creía que podía contar las estrellas pero se enredó en su locura al intentarlo.
Hacía tiempo que no visitaba el lugar, almenos no a solas. Todo un universo a sus pies. Toda una vida en miniatura. Era como volverse a encontrar con quién era, con aquello que creía que había dejado atrás. Recordaba con asombrosa nitidez la última vez que permaneció en aquel sitio, no hacia demasiado… y los recuerdos se agolpaban inevitablemente en su mente mientras las lágrimas se sucedían en su afán por surcarle las mejillas.
Se le consumía el alma en presente al pensar en su pasado más inmediato, pero tenia claro su objetivo y, quizás por eso, sentía tanto terror, pero la decisión estaba tomada y ya no había marcha atrás.
Paradójica e inconscientemente se colocó el cinturón y giro la llave del motor. Conducir era como anestesiar su cerebro y evadir el tiempo. Sin prisa… una curva tras otra mientras observaba con despreocupación el abismo que se abría a su derecha.
Ya no había lágrimas en sus ojos, se había cansado de sentir… y tras la última curva, decidió no girar…

jueves, agosto 30, 2007

Instantes en el tiempo

Plantada frente a ella contemplaba cada curva de aquel cuerpo que había amado con tanto deleite, adentrándose en el recuerdo del baile que un día compartieron en su cama... Dos cuerpos moviéndose a un mismo son.
Aún podía oler aquel perfume que le embriagaba cada vez que se fundían en un abrazo y su pelo le rozaba la cara, notar el suave gusto de su lengua al mantenerlas entrelazadas...
Le mantenía la mirada, serena, como tantas veces se había perdido en la inmensidad de aquellos ojos que le habían hecho temblar...
- Me he vuelto inmune a tus desprecios.
Y dándose media vuelta, se marchó sin mirar atrás.
Ahora en el olvido la recuerda... entre sus brazos, regalándole caricias y tiernos besos de unos labios que adoraba besar. Y sólo le queda menear la cabeza para sacudirse los pensamientos...
A veces sigue soñando despierta y la ira le corroe las entrañas. Porque el tiempo pasa y los momentos se pierden, a menudo y sin querer, en el olvido...

lunes, julio 30, 2007

Anna

Sé que tu mirada es fría ahora, que tus oídos se encuentran taponados por una especie de mecanismo que no atiende a mi razón. Entiendo que tu boca esté sellada por el paso del tiempo y mi vida se transforme en un incansable monólogo cuando estoy junto a ti, pero aún así, te hablo... y sé que me escuchas. Más allá de donde surgen los pensamientos o se pierden mis recuerdos, ahí donde sólo tu y yo nos podemos encontrar.
Es curioso como resbalan las lágrimas por una mejilla, ¿te has fijado? Surgen de dentro, de algún extraño lugar que aún no he logrado descubrir... Y mientras, mis palabras se pierden empujadas por el viento y me siento incapaz de adivinar si tu las logras oír.
Se me pierde la mirada en la fría placa donde reza tu nombre y ya sólo sé repetir un te quiero que sé que no podrás sentir.
Y te anhelo, sí, anhelo tu mirada perdiéndose en mi rostro, el tacto de una piel curtida por el tiempo. Extraño los abrazos que no era capaz de darte y los besos que nunca debí guardarme. Echar la vista atrás es como cortar la rosa más bonita de un jardín y pincharse con una sola espina.
¿Tu crees que unos ojos se pueden secar?
Te necesito, tanto que creo escucharte cuando le hablo a la nada en ese, nuestro rincón.
La ausencia duele, pero una se acostumbra con el tiempo...

*Gracias porque sin ti, no sería quien soy.

martes, julio 24, 2007

Miradas entre sombras VI

La oscuridad bañaba la desolada estancia. Una silueta iluminada por la farola de la calle se mantenía inerte frente a la única ventana de la habitación.
- Date la vuelta.
Y lo hizo.
Una lágrima empezó a resbalar por su rosada mejilla mientras le apuntaba decidida en alguna zona entre su cabeza y su pecho. El aire estaba tan cargado que le costaba respirar y las lágrimas se mezclaban con la evidente suciedad al chocar contra el suelo.
Hacía años que no veía a Jonny, lo creía en prisión o ingresado en algún psiquiátrico, pero ahora lo tenía delante y estaba apuntándole con su revolver.

Podía notar el miedo en su mirada y esas lágrimas fingidas no iban a ablandar su ya frío corazón. Había dedicado demasiados años a planear su venganza, demasiadas horas malgastadas sobre ese colchón. Él no estaba loco. Lo había gritado mil y una vez.
Aún podía recordar como su padre entraba en su habitación cuando él sólo era un crío, despacio, sin hacer ruido... como le acariciaba la piel por debajo de su infantil pijama, como le obligaba a tocarle, a masturbarle hasta que el hijo de puta se corría en su cara y le daba unas palmaditas en la espalda después de recordarle lo mucho que le quería, lo buen niño que había sido.
Tuvo que hacerlo, tuvo que matarlo sin compasión. Y su hermana Susann, le mandó a prisión. Tantos años de su vida malgastados entre rejas... Pero por fin había llegado su momento.

El sonido inquietante del móvil les sobresaltó devolviéndoles a la realidad del momento. Susann descolgó, no sin dejar de apuntarle.
- ¿Susann? ¿Susann? Te llamo desde el hospital. Deberías venir... ha sucedido algo. Tu hija... Han encontrado a tu hija en la calle, parece que ha sido...

- No sabía que tu hija era virgen...

Y las paredes se tiñeron de rojo intenso y la habitación se lleno del hedor de la sangre que emanaba del cráneo abierto del agresor.

miércoles, julio 11, 2007

Miradas entre sombras V

Por lo visto no había sido suficiente con la patada que le había dado... aquel maldito chucho le había seguido hasta su casa y ahora despertaría a los pocos vecinos que aún eran capaces de convivir con las múltiples cucarachas que habitaban el desolado edificio.
Sentía rabia. Rabia por no poder disfrutar de su momento. Rabia por tener que dejar de acariciarse la polla y hacer callar a ese mamón.
Retiró las cortinas y se dispuso a abrir el balcón, no sin antes apurar el último sorbo del vaso que aún agarraba con su mano.

Se acercó con el pulso acelerado y la mandíbula apretada. Quizás Rocco se había escapado y ahora confundía su portal. Quizás... pero no. Un número 13 encima de la estrecha entrada de lo que parecía ser un edificio abandonado le recordó la información que minutos antes había anunciado su superior. Levantó la vista, al aire, más allá de donde anida el dolor.
Subió tambaleándose las escaleras, notándose el palpitar de su corazón en la sien. Todo el interior del edificio desprendía un profundo hedor a orín y humedad. Se plantó frente a la única puerta que había del tercer piso y se sorprendió al encontrarla entreabierta. Un suave escalofrío le recorrió la columna vertebral y apenas podía sujetar el revolver que le temblaba entre las manos. Entró, despacio.

Le había dejado la puerta entreabierta, así aquella zorra que había visto desde el balcón podría entrar con facilidad. Estaba deseando verle la cara, notar el miedo en su mirada. Volvió a excitarse, podía notar como su miembro crecía debajo del pantalón. Había esperado demasiado tiempo...

viernes, febrero 02, 2007

Miradas entre sombras IV

Solía realizar su ruta con monotonía, por aquellos lugares, casi nunca les visitaba la acción, pequeños hurtos y algún que otro aviso sin demasiada importancia aparente.
Conducía despacio, observando la ciudad. Le gustaba la quietud de la noche. Su falta de compromisos le permitía poder ejercer un trabajo como éste. Hacia tiempo que superó su divorcio y sus hijos se independizaron demasiado pronto.
Esa noche le estaba resultando extremadamente calurosa y el telediario había anunciado temperaturas más altas para los próximos días. Su coche estaba desprovisto de aire acondicionado y la camisa del uniforme se le pegaba incómodamente a la piel. No veía la hora en que la comisaría, por fin, cambiara esos antiguos coches.
Se encontrada tan sumergida en sus pensamientos que, paradójicamente, se asustó al escuchar la voz de su superior por la radio pidiendo atención. Se avisaba a todas las unidades de que había ocurrido una violación no muy lejos de donde ella se encontraba y daba la dirección del posible violador.
Se le encogió el corazón y su sudor pareció helarse... no muy lejos de allí, vivía su hija. No pudo evitar la preocupación.
Odiaba a los violadores, después de tantos años de profesión, la violación le parecía el peor delito que alguien pudiera cometer.
Sólo se encontraba a una calle del lugar, así que se acercó. Aparcó el coche y cogiendo su pistola de la guantera, se dirigió a la dirección marcada, no sin seguir experimentando una extraña sensación de angustia.
Un desgarrador ladrido de perro le perforaba los tímpanos a medida que se iba acercando. Enseguida reconoció a Rocco, que desesperado ladraba a la sombra que se escondía tras unas mugrientas cortinas de ese tercer piso sin ascensor...

viernes, octubre 20, 2006

Miradas entre sombras III

Tumbado sobre la cama aún podía recordar el frío cinturón sobre su piel. Sentía con sorprendente nitidez abrirse la carne bajo su ropa, como el odio le teñía los sentidos y el sudor le resbalaba por la frente. El pelo, demasiado largo, se le pegaba a ésta dándole así un aire casualmente tétrico.
Se levantó, apresurado, hacia el único mueble que adornaba el comedor. Un vaso repleto de polvo le sirvió para vaciar el contenido de su última botella de Jack Daniels en él.
Su ropa seguía impregnada del aroma de su víctima. La chica, sin duda, tenía buen gusto para los perfumes.
Sonrió, se sentía satisfecho y tranquilo por el deseo saciado. Sus pies le llevaban a ningún lugar de la pequeña y oscura estancia. Frente al espejo observó su camisa abierta manchada de sangre y pequeños arañazos que surcaban su piel. Notó una pequeña erección al recordar el momento. Todavía podía notar su respiración y su tersa piel bajo su tacto. Penetrarla no le había resultado fácil, pero después de un pequeño forcejeo se deleito con su miembro dentro de ella. Más tarde advirtió que se encontraba cubierto de sangre. La muy zorra aún era virgen, era un aspecto que no había planeado.
Se acerco a la ventana dónde se desnudó y empezó a acariciarse la entrepierna. La luz tenue de la calle traspasaba las mugrientas cortinas y el sonido estridente de un ladrido de perro le robó la atención...

viernes, septiembre 15, 2006

Miradas entre sombras II

Había sido una noche complicada en el pub, los borrachos de última hora se habían negado a salir. Cerrar tan tarde le disgustaba. Rocco debería estar nervioso y esperándole frente a la puerta.
Le gustaba la ciudad a esas horas de la madrugada, el silencio que la envolvía mientras paseaba sin prisa al lado de su mascota.
Él no le gustaba, se había acostumbrado a notar su mirada sobre su cuerpo mientras le observaba dar largos sorbos a su botella de Jack Daniels. Le repugnaba ver como se masturbaba mientras ella disimulaba no verle. Sólo era un pobre infeliz que conseguía robarle la tranquilidad de la noche hasta que desaparecía entra las mugrientas cortinas de la puerta de ese balcón.
Esa noche había desaparecido antes de lo habitual, sin masturbarse. Se extrañó pero no le dio más importancia. Ahora podía disfrutar del silencio de la noche sin miradas ajenas.
Su aliento le enturbió los sentidos y el sudor de ese cuerpo cubierto de vello le arranco una arcada de lo más profundo de sus entrañas. Intentó zafarse en vano de la mano que le cubría la boca mientras notaba sus jadeos en el oído. Podía notar como el cuerpo de aquel extraño se frotaba contra el suyo postrando su espalda contra la pared, su pene erecto a través del pantalón clavándose en su bajo abdomen. La abofeteó.
Pataleó, le arañó e intentó gritar hasta que su cuerpo se quebró en dos al notar como la penetraba con fuerza, rasgándole el tejido y llevándose su adolescencia. Sintió como a cada embestida se le rompía un trozo de alma mientras las lágrimas surcaban sus sonrosadas mejillas. Dejó de luchar abandonándose al dolor...
Se quedó tumbada en el suelo, en posición fetal mientras Rocco seguía ladrando a su agresor. Una patada en el abdomen del perro le bastó para callar.

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